14 de julio de 2008

La muerte en la Edad Media y Siglos de Oro

No hay época que haya reflejado tanto la imagen de la muerte con tan continuada insistencia como el siglo XV, cuando resuena sin cesar la voz del memento mori ("recuerda que has de morir"), frase con la que se solían saludar los monjes franciscanos. Es una época dominada por una obsesión con la muerte que proviene de factores ideológicos (la conciencia de vivir en un mundo en crisis, donde el individuo aparece sometido a tensiones y fuerzas que es incapaz de controlar e incluso comprender) y sociales (las epidemias de peste que diezmaban periódicamente a la población).

Los autores literarios han afianzado diversas fórmulas en el intento de preparar al hombre para la difícil aceptación de la muerte. Algunas de estas ideas son "la muerte es el final para todos", "la muerte o Dios se lleva primero a los mejores" (en la que los reproches a la muerte y la alabanza del difunto se funden al lamento) o "la muerte conduce al conocimiento de Dios", como refleja Jorge Manrique en Coplas por la muerte de su padre:

dio el alma a quien ge la dio,
el cual la ponga en el cielo
y en su gloria:
y aunque la vida murió,
nos dexó harto consuelo
su memoria



Otra fórmula es la de "la muerte igualatoria": en la Edad Media, sobre todo en las Danzas de la muerte, se veía a ésta como la gran niveladora de las diferencias sociales en vida ya que la igualdad solo llega tras la muerte.

Algunos de los más conocidos tópicos de la tradición literaria enfocan las diferentes actitudes del hombre ante su incesante transcurrir hacia la muerte. Son el ubi sunt?; tempus fugit, y carpe diem.

El ubi sunt? ("¿dónde han ido a parar todos aquellos que antes llenaban el mundo con su gloria?") formula, bajo una interrogación retórica, sobre el paradero de las pasadas glorias y esplendores humanos, borrados por la acción del tiempo. Para reflejarlo recurre a ruina de los monumentos o el olvido de los grandes hombres y hazañas. La Edad Media vive un periodo de singular predilección por este motivo que ya se encontraba en el paganismo helénico. En el siglo XVII, la imagen de las ruinas se asocia a menudo a la manifestación de este tópico, como hace Rodrigo Caro en Canción a las ruinas de Itálica:

¿Cómo en el cerco vago
de su despierta arena
el gran pueblo no suena?
¿Dónde, pues fieras hay, está el desnudo
luchador? ¿Dónde está el atleta fuerte?
Todo desapareció; cambió la suerte
voces alegres en silencio mudo;
mas aun el tiempo da en estos despojos
espectáculos fieros a los ojos,
y miran tan confusos lo presente,
que a voces de dolor el alma siente



Este mismo tópico está también muy presente en el himno universitario europeo:

Alegrémonos pues,
mientras seamos jóvenes.
Tras la divertida juventud,
tras la incómoda vejez,
nos recibirá la tierra.

¿Dónde están los que antes que nosotros
pasaron por el mundo?
Subid al mundo de los cielos,
descended a los infiernos,
donde ellos ya estuvieron.



(Gaudeamus igitur, / iuvenes dum sumus. / Post iucundam iuventutem, / post molestam senectutem, /nos habebit humus. // Ubi sunt qui ante nos / in mundo fuere? / Vadite ad superos, / transite ad inferos, / ubi iam fuere.)

El tempus fugit refleja la inestabilidad de los hombres y la fugacidad de las cosas porque el presente es una perpetua descomposición. El tiempo lo destruye todo y, por lo tanto, todo es vanidad, como dice Quevedo:

Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa y es y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado. (Fue sueño ayer...)


Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado. (¡Ah de la vida...!)


La reacción ante la muerte y el paso del tiempo es la de aprovechar el momento, el esplendor de la pasada juventud porque el paso del tiempo lo arruinará (ubi sunt?): el carpe diem ("goza del día presente") se halla en la más antigua lírica tradicional y ha inspirado algunos de nuestros más conocidos sonetos clásicos, como este de Garcilaso de la Vega:

En tanto que de rosa y d'azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que'l cabello, que en la vena
del oro s'escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco enhiesto
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que'l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado;
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.


O este de Luis de Góngora:

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


Enlaces relacionados:

- Sáiz Ripoll, A.: La muerte en la literatura, siglos XIX y XX.
- Sáiz Ripoll, A: La muerte en la literatura: la aceptación.
- Tópicos literarios (Wikipedia).
- Tópicos clásicos (con poemas y fragmentos categorizados por tópicos).
- Sonetos del Siglo de Oro (que también están traducidos al inglés).

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