1 de junio de 2009

Fuenteovejuna, Lope de Vega


INTRODUCCIÓN:

Fuenteovejuna es una obra teatral escrita por Lope de Vega, una de las más importantes de su carrera. Está representada en tres actos en donde, en el primero se presentan los hechos y las circunstancias, en el segundo se van desarrollando los hechos y en el tercero se resuelven.

Fuenteovejuna presenta la rebelión del pueblo, unido ante la tiranía y la injusticia.

SE ABRE EL TELÓN:

Acto I

En la plaza de Fuente Ovejuna, Laurencia (la hija del alcalde) y Pascuala hablan del Comendador Fernán-Gómez, señor de la villa. Laurencia le cuenta a Pascuala que, desde hace varios días, el Comendador pretende lograr sus favores (estar con ella), pero que ella sabía resistirle. Entonces se acercan a ellas Frondoso (que está enamorado de Laurencia), Barrildo y Mengo, mozos del lugar, que discuten sobre el amor. Llega Flores, criado del Comendador y anuncia la llegada de Fernán Gómez, que es recibido por los alcaldes y el pueblo de Fuente Ovejuna, con gran pompa, haciéndole, entrega de numerosos presentes.

El Comendador despide a la gente y procura quedarse con Laurencia y Pascuala, a las que invita a entrar a la casa de la Encomienda. Ante la negativa de ellas, encarga a sus criados, Flores y Ortuño, que las lleven a su presencia. Laurencia y Pascuala se defienden y consiguen huir de los criados. Aquí se da el primer intento del Comendador de forzar a las mujeres de ese pueblo.

Ya para terminar el acto se produce el encuentro entre Laurencia y Frondoso, donde éste le declara a ella su amor, pero ella le da de lado y viendo que se acerca el Comendador (que está de cacería por aquellas tierras), Frondoso se esconde tras unos matorrales. El Comendador, al creer que está sola, la intenta forzar una vez más, cosa a la que ella se niega. Él intenta abrazarla, para lo cual deja la ballesta que llevaba en el suelo. Frondoso, viendo en peligro a su dama, sale de su escondite y agarra la ballesta. Apuntando al Comendador, le obliga a soltar a Laurencia, que huye corriendo. Frondoso, sin hacerle nada, advierte al agresor que lo único que quiere de él es que no vuelva a ocurrir lo que acaba de ver. Fernán Gómez, humillado, promete fiera venganza.


Acto II

El acto comienza con varios vecinos hablando en la plaza de la villa. Se quejan de la escasa reserva de alimentos que queda en el pueblo. Entonces aparecen otros personajes en escena que cuentan el intento de violación del Comendador a Laurencia.

Entonces llegan, a la plaza, el alcalde (Esteban) con el Comendador, que se queja del rechazo de su hija, Laurencia. Dice que si otras mujeres de Fuenteovejuna han accedido a sus deseos, Laurencia no tiene por qué rechazarlo. Esteban le contesta con dignidad, reprochándole sus acciones y animándolo a vivir correctamente.

Entonces los ciudadanos allí presentes, con su alcalde delante, se ponen en contra del Comendador reprochándole todos los inconvenientes que está trayendo al pueblo. Fernán Gómez pierde la paciencia y, enfurecido, y los expulsa de la plaza obligándoles a volver cada uno a sus casas y prometiendo que la cosa no quedará así.

Poco después de dicho incidente aparece un soldado advirtiendo al Comendador que Ciudad Real está casi tomada por los Reyes Católicos y que tendrá que darse prisa si quiere impedirlo; esto hace que Fernán Gómez reúna a todos sus hombres y marche apresuradamente hacia esta ciudad. Pero antes de marcharse tiene un incidente con una mujer que quiere llevarse con él (para variar). Mengo es el único testigo que ve el incidente e intenta impedirlo a costa de un montón de latigazos.

Por otro lado, Frondoso vuelve a pedir el amor de Laurencia. Ella, que está ya más conmovida por la actuación valerosa de éste frente al Comendador, medio accede. En esos momentos llega el padre de Laurencia, el alcalde, y dándose cuenta de la situación, ofrece la mano de Laurencia a Frondoso, quien queda rebosante de felicidad.

En Fuente Ovejuna se celebra la boda entre Frondoso y Laurencia, con los consiguientes cantos, bailes y alegría. En esos momentos aparecen el Comendador y sus esbirros y pide a sus ayudantes que meta presos a Frondoso y a Laurencia frente a todo el pueblo. El alcalde trata de intervenir, pero el Comendador no le hace caso. Harto de oír súplicas Fernán Gómez le quita la vara al alcalde y le pega con ella delante de todos los labradores.


Acto III

Este tercer y último acto comienza con la reunión del pueblo con un tema principal: analizar el comportamiento del Comendador y si éste se merece un castigo. Mientras discuten, aparece Laurencia toda maltrecha, recién escapada de su prisión, reclamando a gritos poder tomar parte y voz en el consejo de hombres que se está realizando. Con esto se recuerda, además, la prisión de Frondoso por defender sus derechos y los problemas que el Comendador siempre origina con las mujeres. Por otro lado, Mengo suma su voz recordando los latigazos que le fueron propinados por otra razón semejante. La rebelión se enciende y Laurencia organiza un batallón de mujeres.

El pueblo se organiza en un revuelo y decide tomar la justicia por su mano, tomando por la fuerza la casa en la que vive el Comendador y asesinarlo por sus maldades.

El pueblo se dirige a la Casa de la Encomienda: la multitud sorprende al Comendador cuando está a punto de hacer ahorcar a Frondoso. En el momento en que asaltan el palacio, el Comendador libera a Frondoso para que este trate de calmar a la multitud pero Frondoso se une a los rebeldes. Los sublevados llegan hasta el Comendador: Fernán Gómez ofrece disculpas de sus faltas y ofrece reparar los daños que ha causado, pero sus palabras son inútiles. El Comendador muere y las mujeres castigan a los criados.

La revolución de Fuente Ovejuna llega a oídos del rey, total desconocedor de la traición del Comendador. Don Fernando el Católico manda a un juez y a un capitán al pueblo a comprobar si en realidad hubo delito. Los habitantes de Fuente Ovejuna se ponen de acuerdo en decir que el asesino del Comendador fue Fuente Ovejuna. Cuando el juez llega al pueblo, comienza los interrogatorios, a cada uno de los habitantes, pero lo único que consigue sacar de ellos a pesar de las torturas a las que los somete, es la palabra “Fuente Ovejuna”:

JUEZ.- Decid la verdad, buen viejo.
ESTEBAN.- Déjenme un poco.
JUEZ.- Ya os dejo.
Decid, ¿quién mató a Fernando?
ESTEBAN.- Fuente Ovejuna lo hizo.
JUEZ.- Traedme aquel más rollizo;
ese desnudo, ese gordo.
LAURENCIA.- ¡Pobre Mengo! Él es sin duda.
FRONDOSO.- Temo que ha de confesar.
MENGO.- ¡Ay, ay!
JUEZ.- Comienza a apretar.
MENGO.- ¡Ay!
JUEZ.- ¿Es menester ayuda?
MENGO.- ¡Ay, ay!
JUEZ.- ¿Quién mató, villano,
al señor Comendador?
MENGO.- ¡Ay, yo lo diré señor!
JUEZ.- Afloja un poco la mano.
MENGO.- Quedo, que yo
lo diré.
JUEZ.- ¿Quién lo mató?
MENGO.- Señor, Fuente Ovejunica.
JUEZ.- ¿Hay tan gran bellaquería?
Del dolor se están burlando.
En quien estaba esperando,
niega con mayor porfía.
Dejaldos; que estoy cansado.

Después de un exhaustivo interrogatorio volvió el juez al palacio del rey transmitiéndole lo ocurrido. Fernando, el rey, al no entender lo que pasó, decide que sea el mismo pueblo quien se lo explique. El pueblo de Fuente Ovejuna le dijo que todo había sido por los agravios que el Comendador les hacía y que todo lo hicieron en el nombre del rey mismo y de la reina. Entonces don Fernando de Aragón, al oír esto, no tuvo más remedio que decir...

REY.— Pues no puede averiguarse
el suceso por escrito,
aunque fue grave el delito,
por fuerza ha de perdonarse.


SE CIERRA EL TELÓN

[Obra completa en la Biblioteca Virtual Cervantes; imagen: fotograma de la película Fuenteovejuna, 1971 en Kalipedia]

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