29 de septiembre de 2010

Sor Juana Inés de la Cruz

Maravillosa sor Juana Inés de la Cruz, una de las mejores poetas hispanas del siglo XVII y una de las personalidades más atractivas de su época. Fue una niña prodigio que a los tres años ya sabía leer y escribir y que a los ocho escribió su primera loa.


Su fuerte personalidad chocó con las convenciones de la época. Tenía una escasa vocación religiosa, pero prefirió vivir bajo el techo de un convento antes que casarse, así podía mantener alimentado su espíritu y su intelecto:

Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros.

La vida en un convento era una solución frecuentemente adoptada por las jóvenes en un siglo, el XVII, en el que la religión se infiltra en las actividades más cotidianas.

Utilizaba un curioso método para aprender consistente en controlar con su cabello el tiempo que le llevaba memorizar algo:
Empecé a deprender gramática, en que creo no llegaron a veinte las lecciones que tomé; y era tan intenso mi cuidado que siendo así que en las mujeres -y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa [...] me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto lo cortaba en pena de la rudeza, que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba desnuda de noticias, que era más apetecible adorno.

Y dejo aquí el que, para mí, es uno de los sonetos de amor más maravillosos de la poesía española de todos los tiempos.

En que satisface un recelo con la retórica del llanto

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses, deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste;
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

(La metáfora "líquido humor" por "lágrimas" está relacionada con la teoría de los humores que forman el cuerpo humano.)



Más sobre sor Juana:
- Biografías y vidas.
- En Wikipedia.

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