21 de febrero de 2012

La novela española en la primera mitad del siglo XX


LA NOVELA ESPAÑOLA EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

Para poder exponer correctamente la novela durante la primera mitad del siglo XX, se ha dividido el tema teniendo en cuenta el hecho histórico fundamental que marcó esta época, la Guerra Civil. De esta forma, hablaremos de:

1. La novela antes de la Guerra Civil (tres primeras décadas).
2. La novela durante la Guerra Civil (del 36 al 39).
3. La novela después de la Guerra Civil (década de los 40)

1. LA NOVELA ANTES DE LA GUERRA CIVIL

El siglo XX comienza en España con el eco de la derrota militar frente a EEUU: el desastre del 98, hecho histórico que constituyó un fuerte albodonazo en muchos espíritus, que tomaron conciencia de la debilidad de nuestro país y reclamaron la necesidad de “regenerar” España: con J. Costa a la cabeza de los regeneracionistas se alzan un grupo de intelectuales que, influidos por las corrientes filosóficas de la época (vitalismo, irracionalismo) reclaman una renovación en todos los sentidos y suponen un claro precedente de la Generación del 98 (G98).

Los autores de la G98 marcarán la tendencia innovadora de la novela, que culminaría en las décadas siguientes, y que surge como consecuencia de esa visión pesimista de la cultura occidental del momento, reflejando las inquietudes del hombre contemporáneo.

Junto a esta tendencia innovadora (de la que enseguida hablamos), hay una tendencia continuadora del realismo decimonónico que derivará hacia temas costumbristas, sociales y eróticos:

- El realismo tradicional en general se ocupa de la descripción de la vida y costumbres de determinados sectores sociales desde posturas ideológicas tradicionales. Autores más destacables: algunos de la centuria anterior, como Pérez Galdós o Vicente Blasco Ibáñez, y otros nuevos como Concha Espina o Ricardo León con novelas, en general, de escaso valor literario. Destacamos La casa de la Troya de Alejandro Pérez Lugin (1915) novela costumbrista y Volvoreta, de Wenceslao Fernández Flórez, que en la década de los 40 publicaría El bosque animado, novela muy alejada de la estética realista de la posguerra.














- Dentro de esta tendencia conservadora, además del realismo tradicional costumbrista, surge una novela social cercana al reportaje periodístico que trata de la actualidad social (a veces se les denomina “epígonos del 98”): José López Pinillos (Doña Mesalina, 1910), Manuel Ciges Aparicio (El vicario, 1905).

- De considerable éxito y considerada una evolución del naturalismo aparece una novela erótica, galante o sicalíptica que presenta a una protagonista femenina, con gran atractivo sexual, como centro de la trama: destacan Felipe Trigo, Alberto Insúa, Pedro Mata o Eduardo Zamacois (probablemente el primer cultivador del naturalismo erótico). Una variante es la novela pornográfica (Joaquín Belda) y la novela rosa (Rafael Pérez y Pérez).

En cuanto a la tendencia innovadora, podríamos decir que la novela contemporánea española surge en 1902 con la publicación de 4 obras fundamentales: La voluntad, Azorín; Camino de perfección, Pío Baroja; Amor y pedagogía, M. de Unamuno; Sonata de otoño, Valle-Inclán.

La novela innovadora puede relacionarse con algunos de los movimientos culturales de la época: Modernismo y Noventayochismo (principios del siglo XX); Novecentismo y vanguardias (años 20) y compromiso social (años 30), por lo que podemos hablar de 5 grandes tipos de novela que se suceden hasta el estallido de la Guerra Civil:

1/ Novela modernista o “formalista”: se caracterizan porque la acción es nula y el empleo de un lenguaje sensorial. En algunos casos puede catalogarse como “lírica en prosa”. Destacan:

- Juan Ramón Jiménez: en Platero y yo podemos leer auténticos poemas en prosa. Junto a evidentes rasgos de estilo modernista, hay indicios de su voluntad de pureza (el libro se publicó completo en 1917).

- Ramón del Valle-Inclán: las Sonatas son la más decisiva aportación española a la prosa modernista. Emplea un lenguaje evocador, de fuerte poder asociativo y musical. En la misma línea estética: Flor de santidad. La producción de Valle-Inclán, amplia y compleja, se caracteriza por una postura antirrealista que le lleva a rechazar imitaciones. En una primera época se adscribe al modernismo y, más adelante, dará una visión distorsionada de la realidad que lo llevará al esperpento.

- También podría añadirse a esta nómina Gabriel Miró, aunque suele incluirse dentro de la novela novecentista.



2/ Novela noventayochista: reaccionan ante los modos realistas de narrar e introducen nuevos procedimientos al tiempo que imprimen un profundo subjetivismo.

- Unamuno expresó a través de la novela, que para él es un medio idóneo de interpretar la realidad, todo lo que le obsesionaba: la muerte, la lucha contra el destino… Con Amor y pedagogía rompe con las formas de narración tradicionales y se aproxima al ensayo; por eso, parte de la crítica no la considera una novela, por lo que Unamuno acuña el término de “nivola”.

Las novelas de Unamuno suponen una expresa ruptura con la novela realista y se convierten en un juego intelectual en el que interviene el lector. Otros rasgos definitorios son la concentración de la acción y la ausencia de descripciones. Lo importante es el desarrollo de los conflictos íntimos de los personajes.

Obras principales: Niebla (1914); Abel Sánchez (1917); La tía Tula (1921); San Manuel Bueno, mártir (1930).

- Azorín: en sus novelas se anulan el movimiento y el tiempo; la narración se fragmenta en instantáneas que configuran cuadros. Son significativas por lo que tienen de ruptura con la estética realista ya que casi puede hablarse de una disolución de la novela tradicional por la ausencia de hilo narrativo, la disgregación estructural o la tendencia al intelectualismo. Las fronteras entre narración y ensayo quedan desdibujadas.

Obras principales: La voluntad (1902); Antonio Azorín (1903); Doña Inés (1925).

- Pío Baroja: en su concepción, la novela es el género en el que todo cabe: la reflexión filosófica, la aventura, la crítica, el humor… Proclama la libertad absoluta para el escritor y propone una novela abierta y cambiante con un rasgo en común: la amenidad, conseguida a través de rápidos cambios de escenario, profusión de personajes y diálogo, acción interrumpida, etc. Estilísticamente son antirretóricas: léxico común, párrafos cortos, frases breves…

Obras principales: Camino de perfección (1902); El árbol de la ciencia (1917); Las inquietudes de Shanti Andía (1911); Zalacaín, el aventurero (1907); la trilogía La lucha por la vida (1904-1905).

3/ Novela novecentista: el término “noucentisme” es acuñado por Eugenio D’Ors para designar un movimiento de rechazo al Realismo y al Romanticismo del siglo XIX. En el terreno de la novela los novecentista llevan a cabo una fusión basada en lo narrativo y lo ensayístico, la originalidad en el tratamiento de las estructuras y el lenguaje y la preferencia por la vida urbana y moderna. Destacan dos escritores:

- Gabriel Miró: formado en el Modernismo, paulatinamente te va desprendiendo de la ornamentación hasta crear una novela de poderoso lirismo. Continúa el proceso de innovación comenzado por los escritores de la G98.

En su primera época la novela más importante es Las cerezas del cementerio (1910), de influencia modernista. Pero es en su segunda etapa cuando encuentra su estilo personal es una prosa muy elaborada que busca la perfección formal y en un marco de acción mínima (El obispo leproso, 1926).

- Ramón Pérez de Ayala: uno de los recursos que más le caracterizan es el perspectivismo (en actitud muy cervantina): Ayala gusta del contraste, de ofrecer varios puntos de vista y mostrar que la realidad es múltiple. Entre sus novelas de la época: Belarmino y Apolonio; Luna de miel, luna de hiel; Tigre Juan; El curandero de su honra. 

4/ Novela vanguardista: el eslabón entre el novecentismo y los movimientos de vanguardia es Ramón Gómez de la Serna, traductor del "Manifiesto futurista" de Marinetti. Sus novelas no siguen los cánones del género: acción muy leve sustituida por múltiples situaciones, divagaciones, sarta de greguerías, rasgos de ingenio y humor… A veces son difíciles de separar de sus ensayos. El erotismo es un tema insistente y hasta obsesivo, pero es un erotismo que encubre la radical soledad del ser humano y la amenaza de la muerte.

Entre sus novelas: El gran hotel; La quinta de Palmyra; Senos…

- Benjamín Jarnés también se sitúa en los límites de la novela de vanguardia. En su obra es frecuente el análisis de conciencias y la introspección intelectual. La anécdota es casi irrelevante (Locura y muerte de Nadie; El profesor inútil…).

En general toda esta nueva narrativa está muy influida por las ideas de Ortega y Gasset en su ensayo Ideas sobre la novela, en el que señala que el género está agotado y que lo importante no es la trama, sino el juego intelectual, la estructura y el estilo (ideas muy en la línea de su arte deshumanizado). Las ideas de Ortega sobre el arte y la literatura se convirtieron el lugares comunes en la España de la época y tuvieron una gran importancia en la orientación de la novela española a finales de los años 20.

Hacia 1930 comienza a advertirse un rechazo al arte y literatura deshumanizados y se tenderá a un tipo de literatura más humanizada. José Díaz Fernández publicará el que se considera el manifiesto de la literatura rehumanizada: "El nuevo romanticismo", en donde defiende el compromiso de la obra literaria. Ya en la década anterior Díaz Fernández había publicado dos obras vanguardistas pero con acentuado tono social: El blocao y La venus mecánica.

En realidad, la novela social comprometida ya había encontrado años antes un popular cauce expresivo en las colecciones de novelas cortas que, a módicos precios, llegaban a un gran número de lectores.

De la nómina de narradores de la época merece destacarse a Ramón J. Sender quien, con su primera obra, Imán, se puso a la cabeza de la nueva narrativa social.


2. LA NOVELA DURANTE LA GUERRA CIVIL

En esta época son muy escasas las novelas relevantes y las mejores llegarán en 1938:

- desde el bando republicano destacan Arconada (Río Tajo); Herrera Petere (Acero de Madrid): ambos compartieron Premio Nacional de Literatura ese año. R. J. Sender publica Contraataque y Mª Teresa León colecciones de cuentos.

- desde el campo nacional escribieron relatos de ideología afín a los sublevados escritores como Concha Espina (Retaguardia) y Agustín de Foxá. 

Con otro aire muy diferente, un poco más refrescante, aparecieron las novelas Como las algas muertas, de Luis Antonio de Vega y Susana, de Pío Baroja.

La literatura de la época se difundía, sobre todo, a través de revistas. Cada ramo creó su propio órgano de expresión, así en el bando republicano destacaron 2 revistas: El Mono Azul y Hora de España (una de las mejores revistas culturales); en la zona nacional: Jerarquía; Vértice y Destino. 

Otras publicaciones: La Ametralladora y el tebeo Flechas y Pelayos.


3. LA NOVELA DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL (DÉCADA DE LOS 40)

Tras la Guerra Civil la cultura presenta un panorama desolador. Muchos intelectuales están muertos, exiliados o encarcelados. La línea continuadora de la preguerra queda rota y la novela de los 40 no pasa de un mediocre realismo o de un costumbrismo elemental. Ciertas obras acentúan la ambientación sórdida, las acciones violentas y la expresión abrupta para relatar historias más o menos truculentas. Para denominar a este tipo de literatura se ha hablado de tremendismo, y la novela que se considera que lo inaugura es La familia de Pascual Duarte de C. José Cela (1942), escritor que se halla vinculado al bando franquista, al igual que la mayor parte de los escritores que publican en esta década: Gonzalo Torrente Ballester (Javier Mariño, 1943); Juan Antonio de Zunzunegui; Ignacio Agustí; Rafael Sánchez Mazas; José María Gironella…



Alejados de esta novela de corte triunfalista o de evasión y con cierto rasgo existencial destacan las obras de Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada; Aún es de día) y Carmen Laforet, que consigue el Premio Nadal en 1945 con su primera novela Nada, que tiene una gran repercusión.





Apartados de la línea realista y más próximos a lo fantástico y lo mágico destacan Álvaro Cunqueiro (Merlín y familia) y W. Fernández Flórez (La novela nº 13).

Paralelamente a la literatura que se hace en España, otros continúan su actividad en el exilio: Max Aub (con su gran ciclo narrativo sobre la GC, Campos); Francisco Ayala; Rosa Chacel (Memorias de Leticia Valle) o R. J. Sender, con una copiosa obra tras la GC, destacando sobre todo las escritas a partir de la década de los 50 (Réquiem por un campesino español).

Temas comunes: evocación de la España perdida, el recuerdo de la GC, el deseo de recuperar el pasado, la nostalgia o la experiencia humana del destierro. (FIN)

(Estos apuntes han sido elaborados por mí a partir de diferentes materiales: libros de texto de Bachillerato, los libros de Historia Crítica de la literatura española y el Diccionario de términos literarios, entre otros. Te agradecería que si los utilizas cites este blog como referencia).

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