1 de septiembre de 2008

Lo que he leído este año (2008)

Aunque seguiré actualizando esta entrada hasta que termine con las lecturas de todo el año, ahí dejo un listado de los libros que recuerdo llevar leídos hasta ahora por si alguien no sabe qué leer.

Me han encantado:
  • Mi tío Spencer, A. Huxley (relatos. Son todos muy buenos, pero "El pequeño Arquímedes" me impresionó).
  • El diablo, L. Tolstói (novela corta que se publicó póstumamente. El escritor, temeroso de que su mujer encontrase el manuscrito, lo guardaba en la caña de una de las botas que llevaba puestas y nunca se separaba de él. La historia -que parece ser está basada en hechos reales, tal vez en el propio Tolstói- cuenta la atracción fatal que un conde, aún soltero, mantiene con una voluptuosa campesina).
  • Tiempo de silencio, L. Martín Santos (por algo es uno de los libros más importantes de la narrativa española. Requiere una lectura sin prisas y un lector dispuesto a volver atrás una y otra vez para no perder el hilo -con esto quiero decir: no apto para leer en el metro, al menos hasta que eres tú el que controlas el argumento-).
  • Cometas en el cielo, Khaled Hosseini (sobre el telón de fondo del Afganistán ocupado por los talibanes, es la historia sobre la amistad de dos padres y dos hijos. Muy bonito).
  • Los ojos del hermano eterno, S. Zweig (leyenda oriental que narra la historia de Virata, el juez más célebre del reino que descubre el valor absoluto de la vida. El tópico del beatus ille en su máximo apogeo).
  • Montaigne, S. Zweig (el escritor, que se suicidó antes de terminar el libro, se centra en el Montaigne que lucha por mantener su propia independencia en una sociedad cada vez más brutal y gregaria).
  • La maravillosa historia de Peter Schlemihl, A. von Chamisso (sobre el pacto demoníaco. En el blog -con la misma etiqueta- hay una entrada sobre este libro).
  • Una historia de la lectura, A. Manguel (ensayo que atrapará a todo aficionado al libro y a la lectura, con mil anécdotas -algunas muy curiosas- sobre libros y lectores, como las formas de los libros o las funciones que cumplía la lectura en público a lo largo de la historia. De lo más entretenido).
  • Expiación, Ian McEwan (he vuelto a recuperar la confianza en este autor. Me había gustado mucho El placer del viajero; después me leí Amsterdam y Amor perdurable, de las que apenas recuerdo el argumento. La de Expiación es una novela que me ha tenido enganchada hasta el final: atrapada en la vida de la familia Tallis, no me hubiese importado que la historia se hubiera alargado 500 páginas más. Por favor, leedla).


Juveniles estupendos:

  • El enigma Vermeer, Blue Balliet (lectura juvenil sobre dos niños que investigan el robo de unos cuadros de Vermeer. Lo recomiento para los chavales).
  • Cuentos para jugar, G. Rodari (recoge veinte cuentos cuyos desenlaces quedan abiertos a tres finales distintos. Para estimular la creatividad).


Me esperaba más:
  • El libro negro de los cuentos, A. S. Byatt (de relatos. De los cinco que contiene me ha gustado mucho uno, "Arte corporal"; los otros me han dejado bastante indiferente).
  • Las afinidades electivas, J. Wolfgang von Goethe (no está mal, pero no llegó a engancharme del todo. Tiene partes muy buenas, pero después de leer la contraportada del libro me esperaba más. De todas formas, no deja de ser Goethe).


Ni los he terminado por aburridos:
  • Al sur de la frontera, al oeste del Sol, H. Murakami (me dejé llevar por dos entusiastas del escritor y lo compré... Menos mal que lo pillé en edición bolsillo. Lleno de tópicos y más previsible que los regalos de comunión).
  • Lo que sueñan los lobos, Yasmina Khadra (me faltan cien páginas para terminarlo, pero me resulta más frío que un bloque de hielo: me da exactamente igual lo que le pase al protagonista, un joven argelino que se va convirtiendo en integrista. Al principio promete, pero según vas leyendo te das cuenta de que la autora no consigue transmitir ninguna emoción. Ni punto de comparación con Cometas en el cielo).
  • Memorias de Adriano, M. Yourcenar (fue uno de los libros que me reservé como lectura playera, pero no he logrado terminarlo. Reconozco que está escrito con una elegancia y una prosa maravillosas, pero no he conseguido sentir nada por Adriano. Tal vez lo retome en otra ocasión y le dé una segunda oportunidad. Igual no era el momento. Yo qué sé. ¿Se puede decir que no te gusta un clásico? ¡Glups!).

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