"Un adverbio se le ocurre a cualquiera", Juan José Millás


Así se titula el artículo con el que el escritor Juan José Millas ha ganado el premio Don Quijote de Periodismo. Está publicado en Interviú y es un homenaje a los que se ganan la vida con las palabras. El jurado ha destacado "la originalidad, la inteligencia y el humor que el trabajo ganador conjuga, para hacer un homenaje a los hispanohablantes, a la escritura y a las palabras en su totalidad".

En su artículo, Millás cuenta que, siendo niño, le impresionó tanto enterarse de que Hemingway cobraba sus artículos según el número de palabras que incluyese, que imaginó que ponía una tienda de palabras que vendía a precios diferentes.

En Clubcultura, que es donde tiene albergada su página oficial, pueden leerse sus articuentos, un género literario creado por él en el que una historia cotidiana se transforma, por obra de la fantasía, en un punto de vista para mirar la realidad de forma crítica.

Su gran capacidad creativa junto a un estilo llano y directo lo convierten (a mi entender sobre todo en el campo del relato), en uno de los mejores escritores actuales. Una gozada, vamos.


El imperativo también existe

Cada vez es más habitual observar (en el lenguaje oral, sobre todo) el mal uso que se hace del modo verbal cuando se trata de dar órdenes a una pluralidad de personas. Nos estamos acostumbrando a escuchar órdenes en infinitivo, cuando el uso correcto debería ser el imperativo. Por lo tanto, no se dice: comer, niños, sino comed, niños.

Sí está bien utilizado el infinitivo en el caso de introducir la frase por la preposición a: a comer, niños.

También es correcto el uso del infinitivo en el caso de que se dé la orden a un colectivo general, no concreto, como sucede en instrucciones, etiquetas, señales de tráfico o recomendaciones cívicas: no aparcar; no fumar; lavar a mano; pelar las patatas; etc. En estos casos, la razón para la utilización del infinitivo es que no se dan órdenes directas, sino que se consideran recomendaciones, obligaciones o prohibiciones de carácter general (se recomienda no aparcar; se recomienda no fumar; etc.).

Es también muy frecuente encontrar errores cuando el pronombre se pospone al tiempo verbal: quitaros de ahí, cuando lo correcto es quitaos de ahí (sin ese pronombre pospuesto se diría: quitad de ahí; al añadir el pronombre la -d desaparece). El único verbo que no pierde la desinencia es ir: lo correcto es idos de ahí (no iros de ahí, ni ios de ahí).

El motivo es una dejadez en la pronunciación (fonética) que va haciendo que lleguemos incluso a extrañarnos de la dicción correcta.

Termino con el soneto 42 de Lope de Vega (que, además de levantar el ánimo para quien lo necesite, sirve para practicar el imperativo, que también existe):

Dejadme un rato, pensamientos tristes,
que no me he de rendir a vuestra fuerza.
Si es gran contrario Amor, amor me esfuerza;
penad y amad, pues que la causa fuistes.

No permitáis, si de mi amor nacistes,
que la costumbre, que a volver me fuerza,
de mi firme propósito me tuerza,
pues en los desengaños me pusistes.

No queráis más que amar, amar es gloria;
no la manchéis con apetitos viles;
vencedme, y venceréis mayor victoria.

Si en Troya no hay traidor, ¿qué importa Aquiles?
Mas, ¡ay!, que es mujer flaca la memoria,
y vosotros cobardes y sutiles.


Más información sobre los contenidos de esta entrada:
- Real Academia Española
- Centro Virtual Cervantes
- El imperativo, Ramón Carnicer
- Sonetos de Lope de Vega
- Sobre Lope de Vega hay otras entradas en este blog

Sobre el uso de mayúsculas y minúsculas


Aunque el tema ortográfico de mayúsculas y minúsculas es el menos fijado en el idioma español, se pueden dar unas pautas generales que sirvan para no caer en la costumbre, cada vez más extendida, de poner mayúsculas a todo (como estamos habituados a ver en el alemán o inglés). Este uso se justifica, solamente, por el deseo de expresar exaltación, respeto, veneración o interés personal o colectivo, que nada tienen que ver con razones puramente ortográficas (son las llamadas mayúsculas subjetivas, como ocurre con palabras como ciencia, generación, arte, corporación, literatura, nación, reino, patria, institución, etc., que tienden a escribirse con mayúscula). De esta forma es habitual ver, por ejemplo en escritos religiosos, en mayúscula palabras como Misa, Cruz, Hostia, San Benito o Sagrada Forma (solo se admite en mayúscula Dios y Divinidad y cualquier sinónimo de estos: Creador, Hacedor, Altísimo...).

Como norma general orientadora debe tenerse en cuenta que el español debe tender a la minusculización.

Solo deben estar en mayúscula:

  • los nombres propios (antropónimos: Federico, Raimundo, Clotaldo... y topónimos: Santiago de Compostela, Italia, Atenas...) o específicos de algo (ley de Prensa e Imprenta; profesor de Lengua);
  • las palabras que comienzan oración o están después de punto (incluyendo los signos de exclamación e interrogación: ¿Lo ves? Cuando miré...);
  • los títulos de obras (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha)

Por lo tanto, siempre deben escribirse en minúscula (pongo los errores más comunes):

  • los antenombres como señor, don, san o santo, venerable..., incluyendo los tratamientos extranjeros usados en español, que deben adaptarse a nuestra grafía;
  • los títulos, cargos y empleos como general, papa, duque, presidente... (el rey Juan Carlos; el papa Benedicto; el presidente Zapatero...). Solo en la correspondencia privada o comercial es lícito escribir con mayúscula el nombre del cargo siempre que no se añada el nombre del interesado (Estimado Señor Presidente) o cuando están abreviados (Sr. D. Martínez);
  • en cuanto a topónimos, no hay razón para escribir con mayúscula océano, río, península, sierra, golfo... aunque hay excepciones como Río de la Plata (nombre de un estuario), Selva Negra (grupo montañoso) o Picos de Europa (macizo del norte de España); lo mismo ocurre con la toponimia urbana: calle del Doctor Esquerdo, paseo de la Castellana, avenida de América, parque del Retiro...
  • los nombres de los planetas se escriben en mayúscula, incluyendo la Tierra (tierra con minúscula se refiere a la materia de que está compuesto nuestro planeta: un puñado de tierra), la Luna (luna con minúscula cuando hablamos de las fases de la luna: luna creciente, menguante, nueva... o expresiones como luna de miel) y el Sol (excepto expresiones como eres un sol);
  • los meses, días y estaciones del año se deben escribir en minúscula. No expresan lo mismo: por fin llegó julio que por fin llegó Julio. Solo se escriben con mayúscula cuando forman parte de nombres de festividades, fechas o acontecimientos históricos, vías urbanas, edificios, etc.: Viernes Santo, Primavera de Praga, plaza del Dos de Mayo, Hospital Doce de Octubre;
  • los nombres de los puntos cardinales (excepto cuando están abreviados: N, S, E, O);
  • en cuanto a los apodos, el artículo no forma parte de ellos, por lo que se debe escribir Manuel Benítez, el Cordobés; Doménikos Theotokópoulos, el Greco);
  • después de dos puntos se escribe siempre en minúscula, excepto cuando se citan palabras textuales (Dice el refrán: "Año de nieves, año de bienes") o en una carta: Estimado amigo: [punto y aparte] Como te comenté...);
[Imagen: Galaxio.com]

Yo, Claudio, Robert Graves

Voy acordándome de lecturas hechas el año pasado (es el problema de no ir anotándolas, pero por mucho que me lo proponga, jamás lo hago; y si empiezo a hacerlo luego me olvido de que lo estoy haciendo).

Allá por enero de 2009, decidí que ya era hora de quitarme una vieja espina viajera y saqué billete a Roma para Semana Santa. Para saborear más mi visita a la ciudad eterna, me enfrasqué en la lectura de otra espina, esta vez literaria: Yo, Claudio, de Robert Graves. Ninguna de las espinas me defraudó.

Sobre Roma no voy a extenderme: solo decir que es una ciudad museo increíble, que tiene la capacidad de sorprenderte en cada esquina, que algún día volveré (para eso eché la moneda en la Fontana de Trevi), que el Lambrusco está riquísimo y que viva la pasta y el parmesano.



Sobre Yo Claudio me extenderé un poco más (principalmente porque de esto va la entrada y el blog): en primer lugar tengo que decir que, si te atrae el mundo del imperio romano, con sus intrigas familiares y de Estado y sus sangrientas purgas, es una novela histórica que no te puedes perder.



Graves la publicó en 1934 y con el paso del tiempo se convirtió en uno de los grandes clásicos del siglo XX.

Desde que se empieza, engancha. Inolvidable (y ya clásico) es el comienzo:

Yo, Tibero Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como "Claudio el Idiota" o "Ese Claudio", o "Claudio el Tartamudo" o "Clau-Clau-Claudio", o, cuando mucho, como "El pobre tío Claudio", voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida.


Así comienza a contar la extraña historia de su vida un hombre que se dirige, de una manera confidencial, a la posteridad.

Esta supuesta "autobiografía", que fue objeto de una excelente adaptación televisiva por la BBC, está considerada una de las mejores novelas históricas del siglo XX. Su protagonista, que llegará a ser emperador romano en contra de sus deseos, recrea una época brillante y sombría, maravillosa y cruel por la que pasan personajes tan inquietantes como el propio Augusto, Tiberio, Octavia, Marco Antonio, Livia, Julia, Agripina, Germánico, Nerón, Lesbia o Calígula. (los personajes femeninos tienen una fuerza increíble). Con la multitud de personajes que aparecen puede uno perderse, pero el libro incluye un útil árbol genealógico para no perder las referencias. Es, por otro lado, una novela en la que se recrea con una gran fidelidad y detalle las costumbres y cultura de una época que es alucinante.

A veces, cuando estoy leyendo un libro, subrayo frases que me llaman la atención. De este, me quedé con la que sigue:

Siempre se jactaba de sus antepasados, como lo hace la gente estúpida que tiene conciencia de que ella misma no ha hecho nada digno de jactancia.


Así que si queréis y tenéis ganas de pasar un rato divertido, enfrascaros en una novela que enganche y empaparos con las intrigas de los romanos, ya sabéis.


- Más sobre Yo, Claudio en Bibliópolis.
- Descargar el libro en Links Olé.
- Idus. El Imperio Romano (con amplia información sobre la época).
- Hay buena información sobre Roma en En Roma, en Rome-Turism y, por supuesto, en la Wikipedia.
- Sobre Claudio.


[Imagen del Foro Romano: Cristina Rivero de Aguilar]

La llamada de lo salvaje, Jack London

Poseía la astucia salvaje del lobo, y la inteligencia del pastor y del San Bernardo; y todo ello, sumado a una experiencia adquirida en en la más feroz de las escuelas, hacían de él una criatura tan formidable como las que vagaban por la naturaleza [...] Cuando Thornton le pasaba una mano acariciadora por el lomo, el pelo chisporroteaba liberando su magnetismo estático al contacto. Cada parte de su mente y cuerpo, cada tejido y fibra nerviosa, estaba perfectamente sintonizado, y entre todas las partes existía un equilibrio o ajuste perfecto [...]



Decidí proponer este libro como lectura obligatoria durante la 1ª evaluación para los alumnos de 1º de la ESO y tengo que decir que acerté de pleno porque les encantó a todos sin excepción.

En esta novela, Jack London trata con gran realismo el tema de la lucha por la supervivencia. Relata la historia de Buck, un perro observador, intuitivo y astuto, que vive plácidamente en una soleada finca hasta que un día un desalmado individuo lo vende para convertirlo en un perro de trineo. Observando su entorno, aprenderá cómo ha de comportarse en las situaciones nuevas y cómo puede adaptarse al gélido ambiente de los bosques boreales. Gracias a sus cualidades físicas y a su instinto, podrá enfrentarse a los peligros que lo acechan, hasta llegar a convertirse en una leyenda.

La llamada de lo salvaje no solo es una bonita historia (en ocasiones muy dura) sino que habla de valores como el respeto hacia los animales, la adaptación a un medio hostil, el valor de la amistad, el no darse nunca por vencido ante las situaciones más adversas, el autoaprendizaje, el individualismo, la lucha por la vida o la búsqueda de la propia identidad.

London es un narrador eficaz que combina los pasajes cómicos y los trágicos, que sabe mantener la expectación y la tensión en el lector ante los acontecimientos que se desarrollan. Desde el punto de vista narrativo, consigue, a pesar del uso de la tercera persona, superar la omnisciencia del narrador y presentarnos los hechos desde la perspectiva de Buck.

Aunque existen varias ediciones del libro, yo me decidí por la de la editorial Teide ya que contiene una guía de lectura y diversas propuestas de trabajo que seleccioné para que los alumnos profundizaran en la historia y en el autor.

En Ciudad Seva podemos leer, completos, muchos de los cuentos escritos por Jack London.

Sobre el e-book

Dos interesantes artículos sobre lo que piensan los editores españoles con respecto al libro digital y una guía comparativa de ebooks:

El libro digital gana el primer asalto, en El País:

"Virgencita, Virgencita, / nuestra señora lectora, / líbranos de todo mal, / haznos llegar a la hora / con el libro digital". Éstos son cuatro de los versos con los que ha felicitado la Navidad la editorial Edhasa. Impresos al dorso de una Virgen kitsch con un libro en las manos, resumen el estado de ánimo de la industria española del libro respecto al futuro digital. (Leer más)


Los editores españoles van a equivocarse con el e-book, en eConectados:

Hoy leo con asombro un artículo de El País con opiniones y planes de los editores de libros españoles. Y digo con asombro porque pensaba que ya tenían la ruta fijada y sabían cómo no equivocarse, pero veo que tanto editores como libreros van a seguir con el “pan para hoy y hambre para mañana“. (Leer más)

Guía para comprar un libro electrónico, en Soitu:

Son caros, difíciles de encontrar en España, su tecnología aún está en pañales y te condenarán a arrastrarte de foro en foro buscando contenidos y trucos para convertir de un formato a otro. Pero los geeks y grandes lectores que lo han probado están encantados con ellos. (Leer más)

Collejeros: enganchados al libro

Uno de los mejores sketchs (para mí) del programa de fin de año de José Mota fue esta parodia de Callejeros en la que unos jóvenes están "peligrosamente" enganchados a los libros.

Maneras de hacerlo

Hacerlo de pie fortalece la columna, boca abajo estimula la circulación de la sangre, boca arriba es más placentero, hacerlo solo es rico, pero egoísta, en grupo puede ser divertido, en el baño es muy digestivo, en el coche puede ser peligroso...

Hacerlo con frecuencia desarrolla la imaginación, entre dos enriquece el conocimiento, de rodillas resulta doloroso...

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio, antes de comer o en la sobremesa, sobre la cama o en la hamaca, desnudos o vestidos, sobre el césped o la alfombra, con música o en silencio, entre sábanas o en el armario: hacerlo, siempre es un acto de amor.

No importa la edad ni la raza ni el credo ni el sexo ni la posición económica porque...

LEER ES UN PLACER



Como ves, la lectura estimula la imaginación, y tú lo acabas de hacer... y si no, ¿en qué estabas pensado?


[Imagen: Young girl reading, Jean-Honoré Fragonard]

La tilde diacrítica (o cuándo acentuar monosílabos)

Es realmente insultante el poco respeto que hay hacia las normas ortográficas en ámbitos en los que cuidar la escritura debería ser primordial: medios de comunicación y publicidad, instituciones públicas... es decir, todos aquellos que son públicos. No voy a entrar en la televisión, mundo aparte, donde ya no es solo el poco interés demostrado en este tema (es habitual ver los rótulos de los informativos o programas de variedades con unas faltas de escándalo) sino que está incluso más que fomentado "gracias" a los sms que envían los tele-espectadores. ¿No se dan cuenta de que ver continuamente palabras mal escritas hace incrementar los errores? Y si no que se lo digan a cualquier profesor de lengua cuando tiene que corregir sesenta dictados: llega un momento en que ya no se sabe si coger se escribe con g o con j. Pero eso es otro tema.

Y yo me sorprendo mucho cuando son precisamente los medios de comunicación los que no dejan de hablar de lo mal que escriben los estudiantes de hoy en día... ¡Qué poco nos miramos el ombligo, señores! Primero deberían aprender ellos, y luego criticar, pero hasta cierto punto, porque los estudiantes tienen una excusa muy simple: están aprendiendo; pero las empresas a las que hago referencia no tienen ninguna, es más, se supone que todos los periodistas, redactores y demás gente del gremio han tenido que pasar por la facultad. Estoy segura de que en cualquier periódico, emisora o agencia trabajan con ordenadores y tienen acceso a internet, por lo tanto, al diccionario de la RAE, donde en hacer una consulta se tarda algo así como... dos minutos (contando el tiempo en el que se abre la página).

Me pone de los nervios ver anuncios publicitarios con palabras mal acentuadas, como los ya clásicos monosílabos ti, fin o fui, por no hablar de Che, Dios o los horrorosos qué, quién, cómo, etc. Así que, ante tamaños disparates (por llamarlos de una manera fina), pongo aquí una relación de los poquitos monosílabos (porque, oh, notición: los monosílabos NO SE TILDAN) que llevan tilde para diferenciarlos unos de otros que se escriben de la misma forma. Esto es lo que se llama "tilde diacrítica". Son los siguientes:

Él (pronombre) / el (determinante). El perro se fue con él.

Dé (verbo dar) / de (preposición). De aquí a esta parte, no le dé nada.

Sí (adv. afirmativo) / si (conjunción). Cuando me preguntó si era feliz, le dije que sí.

Sé (saber, ser) / se (pronombre). No sé si se lo dije.

Más (adv. cantidad) / mas (conjunción; equivale a pero). Más vale tarde que nunca. Mas no te demores demasiado.

Tú (pronombre) / tu (determinante. posesivo). Si tú vienes a París, podríamos ir en tu coche.

Mí (pronombre) / mi (posesivo). Esta es mi ración; todita para mí.

Té (planta) / te (pronombre). Si te tomas un té te invitan a unas pastas.

Dí (decir) / di (dar). Le di un regalo. Dí que sí.

Aún (adv.; equivale a "todavía") / aun (prep.; equivale a "incluso"). Aún no es la hora. Aun llegando con retraso, te dejan entrar (para recordar tan sencilla regla basta pensar que "todavía" lleva tilde).

El acento tiene mucho que ver con la fonética, por lo que si las frases anteriores se pronuncian en voz alta, se notará la diferencia de tono que se emplea en uno u otro monosílabo.

La vocal o no lleva tilde desde hace mucho tiempo, ni siquiera cuando va entre dígitos. En la actualidad, el teclado del ordenador diferencia muy bien la o (más redonda) del 0 (alargado). La razón de su tildación vino con las máquinas de escribir, en donde se utilizaba la "o" como vocal y como cero (y si no me creen, observen qué bien se lee esto: 20 o 30). Quien lea veinte mil treinta es que necesita gafas.

Palabras que ya no llevan tilde: ni solo ni los pronombres demostrativos (esto, eso, aquello). No tiene sentido diferenciarlos cuando por el contexto se sabe perfectamente si alguien va solo al cine o solamente al cine. En cualquier caso, otro asunto es escribir una oración fuera de contexto, por ejemplo a la hora de poner una frase para su análisis sintáctico (Fue solo al cine: donde es necesario tildar o no ese solo con el fin de analizarlo de una manera u otra).

Y para terminar dejo aquí unas cuantas imágenes que harían reír hasta a un burrito.










Millennium, Stieg Larsson


Este verano me encontré enfrascada en la historia de la trilogía Millennium. Iba con cierto prejuicio, como siempre que me enfrento a un libro altamente publicitado: creo (como buena lectora que me considero) que cuando hay buena literatura por medio no hace falta anunciar, de la forma exagerada que se hace hoy día (creo), ningún libro. La buena literatura siempre estará a salvo independientemente de las épocas, igual que el buen cine, la buena música o cualquier otra manifestación artística digna de llamarse así. Pero lo cierto es que algunos amigos (buenos lectores) me hablaron muy bien del primer libro, así que decidí comprármelo, y tras el primero fueron el segundo y el tercero. 

 Conclusiones de mi lectura: el primero está fenomenal; el segundo también engancha, aunque la calidad con respecto al primero baja un poco en todos los sentidos, y el tercero hay que leerlo por eso de terminar con la historia, pero como libro independiente (que no forme parte de una trilogía) hubiese pasado sin pena ni gloria ante la avalancha de títulos que inundan el mercado. 

Lo que más me ha gustado: el personaje de Lisbeth Salander. 

Lo que menos: las digresiones del tercer tomo y, en parte, una cierta inverosimilitud en cuanto al héroe Michael Bloomkvist (que acaba convirtiéndose en súper) como personaje que todo lo sabe, de todo se da cuenta y todo lo soluciona. El tercero, además, deja partes de la historia en el aire, aunque tal vez el autor tuviese en proyecto continuar con más títulos, por eso habrá que perdonarle ciertos fallos. 

 Hay un estupendo e interesante artículo de Mario Vargas Llosa (titulado Lisbeth Salander debe vivir) sobre estos nuevos héroes contemporáneos. No deja de tener su razón y, desde luego, escribe mucho mejor que yo su punto de vista sobre la trilogía, con la que estoy de acuerdo en casi todo. [Imagen de rtve.es]

Fuenteovejuna, Lope de Vega

INTRODUCCIÓN: Fuenteovejuna es una obra teatral escrita por Lope de Vega, una de las más importantes de su carrera. Está representada en tres actos en donde, en el primero se presentan los hechos y las circunstancias, en el segundo se van desarrollando los hechos y en el tercero se resuelven. Fuenteovejuna presenta la rebelión del pueblo, unido ante la tiranía y la injusticia. 




SE ABRE EL TELÓN: 

Acto I 

En la plaza de Fuente Ovejuna, Laurencia (la hija del alcalde) y Pascuala hablan del Comendador Fernán-Gómez, señor de la villa. Laurencia le cuenta a Pascuala que, desde hace varios días, el Comendador pretende lograr sus favores (estar con ella), pero que ella sabía resistirle. Entonces se acercan a ellas Frondoso (que está enamorado de Laurencia), Barrildo y Mengo, mozos del lugar, que discuten sobre el amor. Llega Flores, criado del Comendador y anuncia la llegada de Fernán Gómez, que es recibido por los alcaldes y el pueblo de Fuente Ovejuna, con gran pompa, haciéndole, entrega de numerosos presentes. El Comendador despide a la gente y procura quedarse con Laurencia y Pascuala, a las que invita a entrar a la casa de la Encomienda. Ante la negativa de ellas, encarga a sus criados, Flores y Ortuño, que las lleven a su presencia. Laurencia y Pascuala se defienden y consiguen huir de los criados. Aquí se da el primer intento del Comendador de forzar a las mujeres de ese pueblo. Ya para terminar el acto se produce el encuentro entre Laurencia y Frondoso, donde éste le declara a ella su amor, pero ella le da de lado y viendo que se acerca el Comendador (que está de cacería por aquellas tierras), Frondoso se esconde tras unos matorrales. El Comendador, al creer que está sola, la intenta forzar una vez más, cosa a la que ella se niega. Él intenta abrazarla, para lo cual deja la ballesta que llevaba en el suelo. Frondoso, viendo en peligro a su dama, sale de su escondite y agarra la ballesta. Apuntando al Comendador, le obliga a soltar a Laurencia, que huye corriendo. Frondoso, sin hacerle nada, advierte al agresor que lo único que quiere de él es que no vuelva a ocurrir lo que acaba de ver. Fernán Gómez, humillado, promete fiera venganza. 

Acto II 
El acto comienza con varios vecinos hablando en la plaza de la villa. Se quejan de la escasa reserva de alimentos que queda en el pueblo. Entonces aparecen otros personajes en escena que cuentan el intento de violación del Comendador a Laurencia. Entonces llegan, a la plaza, el alcalde (Esteban) con el Comendador, que se queja del rechazo de su hija, Laurencia. Dice que si otras mujeres de Fuenteovejuna han accedido a sus deseos, Laurencia no tiene por qué rechazarlo. Esteban le contesta con dignidad, reprochándole sus acciones y animándolo a vivir correctamente. Entonces los ciudadanos allí presentes, con su alcalde delante, se ponen en contra del Comendador reprochándole todos los inconvenientes que está trayendo al pueblo. Fernán Gómez pierde la paciencia y, enfurecido, y los expulsa de la plaza obligándoles a volver cada uno a sus casas y prometiendo que la cosa no quedará así. Poco después de dicho incidente aparece un soldado advirtiendo al Comendador que Ciudad Real está casi tomada por los Reyes Católicos y que tendrá que darse prisa si quiere impedirlo; esto hace que Fernán Gómez reúna a todos sus hombres y marche apresuradamente hacia esta ciudad. Pero antes de marcharse tiene un incidente con una mujer que quiere llevarse con él (para variar). Mengo es el único testigo que ve el incidente e intenta impedirlo a costa de un montón de latigazos. Por otro lado, Frondoso vuelve a pedir el amor de Laurencia. Ella, que está ya más conmovida por la actuación valerosa de éste frente al Comendador, medio accede. En esos momentos llega el padre de Laurencia, el alcalde, y dándose cuenta de la situación, ofrece la mano de Laurencia a Frondoso, quien queda rebosante de felicidad. En Fuente Ovejuna se celebra la boda entre Frondoso y Laurencia, con los consiguientes cantos, bailes y alegría. En esos momentos aparecen el Comendador y sus esbirros y pide a sus ayudantes que meta presos a Frondoso y a Laurencia frente a todo el pueblo. El alcalde trata de intervenir, pero el Comendador no le hace caso. Harto de oír súplicas Fernán Gómez le quita la vara al alcalde y le pega con ella delante de todos los labradores. 


Acto III 
Este tercer y último acto comienza con la reunión del pueblo con un tema principal: analizar el comportamiento del Comendador y si éste se merece un castigo. Mientras discuten, aparece Laurencia toda maltrecha, recién escapada de su prisión, reclamando a gritos poder tomar parte y voz en el consejo de hombres que se está realizando. Con esto se recuerda, además, la prisión de Frondoso por defender sus derechos y los problemas que el Comendador siempre origina con las mujeres. Por otro lado, Mengo suma su voz recordando los latigazos que le fueron propinados por otra razón semejante. La rebelión se enciende y Laurencia organiza un batallón de mujeres. El pueblo se organiza en un revuelo y decide tomar la justicia por su mano, tomando por la fuerza la casa en la que vive el Comendador y asesinarlo por sus maldades. El pueblo se dirige a la Casa de la Encomienda: la multitud sorprende al Comendador cuando está a punto de hacer ahorcar a Frondoso. En el momento en que asaltan el palacio, el Comendador libera a Frondoso para que este trate de calmar a la multitud pero Frondoso se une a los rebeldes. Los sublevados llegan hasta el Comendador: Fernán Gómez ofrece disculpas de sus faltas y ofrece reparar los daños que ha causado, pero sus palabras son inútiles. El Comendador muere y las mujeres castigan a los criados. La revolución de Fuente Ovejuna llega a oídos del rey, total desconocedor de la traición del Comendador. Don Fernando el Católico manda a un juez y a un capitán al pueblo a comprobar si en realidad hubo delito. Los habitantes de Fuente Ovejuna se ponen de acuerdo en decir que el asesino del Comendador fue Fuente Ovejuna. Cuando el juez llega al pueblo, comienza los interrogatorios, a cada uno de los habitantes, pero lo único que consigue sacar de ellos a pesar de las torturas a las que los somete, es la palabra “Fuente Ovejuna”:
JUEZ.- Decid la verdad, buen viejo. ESTEBAN.- Déjenme un poco. JUEZ.- Ya os dejo. Decid, ¿quién mató a Fernando? ESTEBAN.- Fuente Ovejuna lo hizo. JUEZ.- Traedme aquel más rollizo; ese desnudo, ese gordo. LAURENCIA.- ¡Pobre Mengo! Él es sin duda. FRONDOSO.- Temo que ha de confesar. MENGO.- ¡Ay, ay! JUEZ.- Comienza a apretar. MENGO.- ¡Ay! JUEZ.- ¿Es menester ayuda? MENGO.- ¡Ay, ay! JUEZ.- ¿Quién mató, villano, al señor Comendador? MENGO.- ¡Ay, yo lo diré señor! JUEZ.- Afloja un poco la mano. MENGO.- Quedo, que yo lo diré. JUEZ.- ¿Quién lo mató? MENGO.- Señor, Fuente Ovejunica. JUEZ.- ¿Hay tan gran bellaquería? Del dolor se están burlando. En quien estaba esperando, niega con mayor porfía. Dejaldos; que estoy cansado.
Después de un exhaustivo interrogatorio volvió el juez al palacio del rey transmitiéndole lo ocurrido. Fernando, el rey, al no entender lo que pasó, decide que sea el mismo pueblo quien se lo explique. El pueblo de Fuente Ovejuna le dijo que todo había sido por los agravios que el Comendador les hacía y que todo lo hicieron en el nombre del rey mismo y de la reina. Entonces don Fernando de Aragón, al oír esto, no tuvo más remedio que decir...
REY.— Pues no puede averiguarse el suceso por escrito, aunque fue grave el delito, por fuerza ha de perdonarse.
SE CIERRA EL TELÓN 

[Obra completa en la Biblioteca Virtual Cervantes; imagen: fotograma de la película Fuenteovejuna, 1971 en Kalipedia]

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