Leer es vivir más intensamente

A veces resulta muy difícil intentar explicar a alguien a quien no le gusta leer o que no le encuentra un sentido práctico a abrir un libro, porqué es bueno que lo haga. Me gustaría ir recopilando entrevistas y opiniones de escritores y lectores que recojan el sentido útil de la literatura, como por ejemplo del escritor Martín Garzo que estos días se encuentra impartiendo un curso en la Menéndez Pelayo.

Para él, "si leemos es para vivir con más intensidad nuestra vida", porque, a su modo de ver, vivir es preguntarse, aunque las preguntas más decisivas, que son de las que precisamente se ocupa la literatura, sean aquellas que no tienen respuesta.

[Entrevista con Martín Garzo en Soitu.es]

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El comienzo de un cuento, según Horacio Quiroga

Saber comenzar un cuento es tan importante como saber terminarlo. Horacio Quiroga decía:

No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

El escritor uruguayo, maestro cuentista y gran teórico sobre este género narrativo, señala que:
El comienzo de un cuento no es, como muchos desean creerlo, una tarea elemental. 'Todo es comenzar'. Nada más cierto; pero hay que hacerlo. Para comenzar se necesita, en el noventa y nueve por ciento de los casos, saber adónde se va. 'La primera palabra de un cuento -se ha dicho- debe ya estar escrita con miras al final'.

De acuerdo con este canon, he notado que el comienzo ex abrupto, como si ya el lector conociera parte de la historia que le vamos a narrar, proporciona al cuento insólito vigor. Y he notado asimismo que la iniciación con oraciones complementarias favorece grandemente estos comienzos. Un ejemplo:

Como Elena no estaba dispuesta a concederlo, él, después de observarla fríamente, fue a coger su sombrero. Ella, por todo comentario, se encogió de hombros.

Yo tuve la impresión de que un cuento comenzado así tiene grandes probabilidades de triunfar. ¿Quién era Elena? Y él, ¿cómo se llamaba? ¿Qué cosa no le concedió Elena? ¿Qué motivos tenía él para pedírselo? ¿Y por qué observó fríamente a Elena, en vez de hacerlo furiosamente, como era lógico esperar?

Véase todo lo que del cuento se ignora. Nadie lo sabe. Pero la atención del lector ha sido cogida de sorpresa, y esto constituye un desiderátum en el arte de contar.


Como muestra de su arte, ofrezco varios comienzos de cuentos de Quiroga. Frente a estas frases, comenzar con fórmulas como Era una hermosa tarde de primavera o Había una vez no producen ningún tipo de intriga ya que no evocan nada aunque, sobre todo, no comprometen a nada.

Su luna de miel fue un largo escalofrío. (El almohadón de plumas)

Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental. (El conductor del rápido)

La canoa se deslizaba costeando el bosque, o lo que podía parecer bosque en aquella oscuridad. (El desierto)

Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. (El infierno artificial)

Tengo en el Salto Oriental dos primos, hoy hombres ya, que a sus doce años, y a consecuencia de profundas lecturas de Julio Verne, dieron en la rica empresa de abandonar su casa para ir a vivir al monte. (La miel silvestre)

...En fin, como no podré volver allí hasta fines de junio y no querría de ningún modo perder aquello, necesito que te cases con ella. (Un idilio)


Si a alguien le entran ganas de continuar leyendo estos relatos, puede encontrarlos en Ciudad Seva, aunque (para los futuros escritores) como ejercicio creativo propongo que, antes de leerlos, intentéis escribir el relato que os sugiera el inicio que encontréis más atractivo.

Enlace de interés:

- Horacio Quiroga: cita con la fatalidad.

Libros que nos han cambiado la vida

De vez en cuando aparece un listado de títulos literarios elegidos por personas de renombre (normalmente escritores o gente relacionada con la literatura) que siempre me resulta curioso por eso de ver cuántos libros del listado me he leído y saber ser cada vez más selectiva. Este verano ha sido el periódico El País el que ha elaborado una encuesta a un centenar de escritores sobre los diez libros que han cambiado su vida.

Lo mejor de la encuesta es que aparecen todos los participantes con sus nombres y el listado de cada uno. Lo peor (en mi opinión, claro) es que al lado de cada libro deberían haber puesto la razón de por qué ese libro determinado les cambió la vida. Mi curiosidad llega al punto de que casi me interesa más la causa que el producto. Por ejemplo, y por hablar de la primera de la lista, me gustaría saber a qué edad leyó Josefina Aldecoa Anna Karenina, o en qué circunstancias, para que le cambiase la vida (porque es uno de mis novelas favoritas, pero yo, por ejemplo, la leí con veinte años, cuando mi romanticismo estaba a flor de piel y si me cambió en algo fue en pensar que eso del adulterio está fatal y que hay que enfrentarse a todos los problemas) y no deja de ser curioso que esta misma escritora elija en segundo lugar otra novela sobre el adulterio como Madame Bovary (que leí con dieciséis y que, aunque me gustó mucho, no me cambió en nada). Me encantaría saber en qué le cambió la vida, a Juan José Millás, Robinson Crusoe, o a Sergio Ramírez El maestro y Margarita, y así con todos. Porque además me surge otra duda: ¿qué les cambió del libro, su forma de ver la vida o (ya que todos son escritores) su manera de enfrentarse a la literatura? Porque una cosa es que un libro te guste mucho, pero otra muy distinta es que te cambie la vida. Ambos criterios serían de lo más interesante para (se me ocurre) animar a los escolares a leer.

Benjamín Prado, autor del reportaje titulado "Cien escritores en español eligen los 100 libros que cambiaron su vida", se pregunta que cuántos habrán dicho toda la verdad y cuántos habrán respondido a la defensiva y deja una pregunta en el aire: ¿qué habrán preferido algunos de ellos: ser francos o quedar bien? De todo habrá, e incluso hacer un poco de publicidad (completamente innecesaria), como en el caso de Luis García Montero y Almudena Grandes (marido y mujer) que incluyen un título de cada uno en sus respectivos listados; tal vez fue tras la lectura de esos libros cuando se conocieron, y eso sería muy bonito. Pero no saber la causa hace que ya no me fíe de su criterio. Sí me fio, en cambio, de Elvira Lindo, porque ya no solo no incluye ninguno de Muñoz Molina, sino que en su listado de libros están El Lazarillo, Luces de Bohemia o Pedro Páramo, títulos con los que coincido con ella ya que yo los tuve que leer en el colegio y con ellos descubrí (por eso me cambiaron la vida, junto con La Celestina) que no solo te lo pasas bien con los libros de Los Cinco. Así que, siguiendo su lista, me voy a leer Mrs. Dalloway, Los muertos, a Munro y a Cheever porque estoy segura de que voy a disfrutar de ellos (a estas alturas ya no creo que me cambien la vida, aunque... ¿quién sabe?), y si no me gustan siempre me quedará la opción de dejarlos a la mitad y empezar con otro. Es lo bueno de los libros, que aunque los dejes a medias nunca te lo echarán en cara.

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El enfermo, Alfonso Sastre


No comprendo este nuevo síntoma de mi enfermedad. He perdido por completo la vista y tengo la asfixiante sensación de estar encerrado. No sé cuántas horas (o días) habré estado sin sentido. Lo último que recuerdo es el brillo de una lamparilla y un rumor de sollozos en el cuarto. Ahora quisiera decir a todos que he vuelto en mí; pero he perdido, aparte del habla, también todo movimiento salvo el del brazo derecho, que, al moverme, tropieza con algo que debe ser la pared de la habitación pero que, por causa de la perturbación de la sensibilidad que sufro, a mí me parece como una tabla. También experimento extrañas sensaciones, como un perfume de flores que parece ascender desde mis pies. Son penosos fenómenos que, evidentemente, confirman la extremada gravedad de mi estado.


Otros cuentos de terror en este blog:
- Minicuentos de fantasmas
-
Página asesina, Julio Cortázar

Enlaces de interés:
- Alfonso Sastre

[Imagen: Reading: Always an Adventure 01, Flickr]

Sobre la esencia y el origen de la poesía, Drummond de Andrade

El poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, en uno de sus más bellos poemas sobre la esencia y el origen de la poesía, Procura de la poesía, advierte que esta no debe ser buscada en los acontecimientos o en los incidentes personales, ni en el gozo o dolor realmente sentidos. La confesión inmediata de los sentimientos aún no es poesía. Para él, el poeta debe buscar la poesía en el reino de las palabras y saber que su poema es una creación, un acto intencional, no una confesión.

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte frente a la poesía.
Ante ella la vida es un sol estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, complemento y confortable cuerpo,
tan indefenso a la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu careta de gozo o de dolor en la oscuridad
son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que prevalecen sobre el equívoco e intentan el largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso todavía no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elude sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas, antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concretada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil fases secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.



Drummond de Andrade fue un renovador del lenguaje poético por romper con la tendencia retoricista de los poetas anteriores e introducir el coloquialismo. Fue candidato al Nobel, premio que rechazó. En la web A media voz pueden leerse algunos de sus poemas.

Lo que todo niño debería leer

Noroeste.com propone una lista de diez libros que todo niño debería leer:

1. El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.
2. Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll.
3. El mago de Oz, L. Frank Baum.
4. El maravilloso viaje de Nils Holgersson, Selma Lagerlof.
5. Las crónicas de Narnia, C. S. Lewis.
6. El Cascanueces y el Rey de los ratones, Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.
7. Peter Pan y Wendy, James Matthew Barrie.
8. El viento en los sauces, Kenneth Grahame.
9. El oso Paddington, Michael Bond.
10. Los cuentos del tío Remus, Joel Chandler Harris.

De este listado, yo de niña me leí los dos primeros y Peter Pan, aunque no son las lecturas que más me gustaron de cuando era pequeña.

El artículo señala la importancia de leer buenos libros cuando se es niño, ya que de esas primeras lecturas dependerá que se continúe o no con esta afición el resto de la vida. Con muy buen criterio, recomiendan que los padres sean muy selectivos a la hora de comprar un libro adecuado para el hijo, elección que puede ser cada vez más difícil a causa de la enorme cantidad de libros que se publican hoy día.

Para mí está claro que el fomento de la lectura no debe hacerse solo desde el colegio, sino que es fundamental que en casa se respire literatura, o al menos convendría que de vez en cuando se apagase la televisión y todos se pusieran a leer e incluso (por qué no) hacerlo (correctamente) en voz alta.

La lectura de esta lista me ha hecho recordar mis primeros libros. Aparte de los inevitables de Enid Blyton y de Agatha Christie (que devoraba), recuerdo especialmente dos que me impresionaron cuando tenía entre 10 y 12 años y que añadiría porque contribuyeron a mi enganche a la lectura de por vida:

- La cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe
- Mujercitas, de Louisa May Alcott (que leí y releí hasta hartarme)

A ver si alguien se anima a poner ese libro/s que le enganchó de jovencito y que contribuyó a continuar leyendo más y más.

Eufemismos

El periodista Javier Ortiz escribe una interesante columna sobre el abuso de eufemismos entre los políticos, quienes en pocas ocasiones llaman a las cosas por su nombre. Los eufemismos más peligrosos, señala, son "los que adulteran su naturaleza para facilitar que quienes los han provocado eludan su responsabilidad". Los dos ejemplos de eufemismos de este tipo que propone son mileurista y minoritario (referido a las lenguas):

Uno es mileurista. En castellano, el sufijo -ista sirve, o bien para señalar preferencias e inclinaciones, o bien para designar determinadas profesiones u oficios. Pero quien cobra sólo mil euros al mes no lo hace ni por gusto ni porque esa sea su especialidad, sino porque no tiene más remedio. No es partidario, sino víctima. Lo correcto, de admitirse el término mileurismo, sería hablar no de mileuristas, sino de mileurizados, marcando entre ambos papeles las mismas distancias que fijamos entre los esclavizados y los esclavistas.

Parecido rechazo me produce que se hable de las lenguas “minoritarias” que existen en España. Y no sólo porque alguna de esas lenguas cuente con más practicantes que otras admitidas en la Unión Europea como oficiales, sino también porque resulta irritante la presunta asepsia de su propia catalogación. Descritos como “minoritarios”, se diría que se trata de idiomas que no han alcanzado mayor desarrollo porque se han mostrado históricamente poco aptos para comunicar pensamientos y sentimientos, cuando lo cierto es que son lenguas venidas a menos a bofetadas, por culpa de la represión que su uso ha acarreado, y no sólo durante el franquismo, sino desde siglos atrás.

No son lenguas minoritarias, sino minorizadas. Conviene llamarlas así, aunque sólo sea para forzar que se discuta sobre algo que muchos preferirían dejar en silencio. O convertirlo en lo contrario.


Enlace al artículo completo:

- Javier Ortiz: Eufemismos en la trastienda (Público).

Hablaba y hablaba, Max Aub


Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.


[Imagen: Homework? Sorry... I'd rather read Voltaire, Flickr]

Enlaces de interés:
- Miguel Angel Sanchez: Biografía de Max Aub (Liceus, portal de humanidades).
- Entresiglos: sitio web que recoge publicaciones de diferentes autores sobre el escritor.
- Héctor Brioso Santos: Max Aub o La historia universal del fraude (Matices).
- Juan María Calles: Un cierto Max Aub (Revista Espéculo).

La maravillosa historia de Peter Schlemihl, Adelbert von Chamisso

Uno de los libros que he estado leyendo este verano (y que recomiendo) ha sido La maravillosa historia de Peter Schlemihl, de Adelbert von Chamisso, una peculiar versión del tema del pacto demoníaco.


Schlemihl es un joven ingenuo que en una reunión mundana conoce a un inquietante hombre vestido de gris a quien le vende su sombra a cambio de una bolsa de oro inagotable. El escarnio público y el ocultamiento avergonzado no serán las únicas consecuencias de su venta: por rico que sea, el protagonista no puede tener a la mujer que ama porque, como dice el padre de la joven, "ni a un perro le falta su sombra". Schlemihl aprenderá que el que quiera vivir entre los hombres lo primero que debe venerar es su sombra y, después, el dinero.

Adelbert von Chamisso, cuyo nombre real era Louis Charles Adelaide de Chamisso, nació en 1781 en la Campaña, Francia. Hijo de un militar, pasó la infancia en su país natal pero tenía once años cuando las convulsiones políticas lanzaron a la familia a un período de errancia por los Países Bajos, Holanda y Alemania. En 1796, el joven Adelaide consiguió la plaza de paje de la reina consorte de Federico Guillermo de Prusia. Más tarde, atribulado, combatió en las guerras napoleónicas, cayó prisionero y de regreso en Berlín empezó a escribir. Se dice que nunca llegó a hablar bien en alemán, pero en ese idioma hizo toda su obra literaria. Fue protegido de Fichte, habitual del salón de madame de Staël y cabal figura romántica. Paralelamente estudió Ciencias Naturales y en 1815 fue nombrado naturalista de una expedición alrededor del mundo. Durante tres años navegó de Hamburgo o Copenhague a Brasil, el Cabo de Buena Esperanza o Manila. La escisión que había sobrellevado casi toda su vida se selló entonces: en tierras exóticas, von Chamisso sintió que la lengua, la ciencia, la amistad y los azares del destino lo habían convertido en alemán. Federico Guillermo, que admiraba su arte, lo nombró conservador del Jardín Botánico de Berlín, donde, famoso ya como poeta, murió en 1838.

El libro (106 páginas) lo leí editado por Interzona, dentro de la colección Línea C dirigida por Marcelo Cohen y traducido por Pablo Gianera.

[Ilustración tomada de Cabinet Magazine]

Cómo ser un buen escritor

Un anónimo nos deja 19 consejos para un aspirante a escritor. Muy simpáticos:

- Lo primero hes conozer vien la hortografia.
- Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores.
- Y nunca empiece por una conjunción.
- Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
- Use; correctamente. Los signos: de, puntuación.
- Trate de ser claro; no use hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
- Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios.
- Correcto para ser en la construcción, caer evite en transposiciones.
- Tome el toro por las astas y no caiga en lugares comunes.
- Si Vd. parla y escribe en castellano, O.K.
- ¡Voto al chápiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
- Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.
- ¡Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
- Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribáis.
- No utilice nunca doble negación.
- Es importante usar los apóstrofo's correctamente.
- Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
- Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
- Con respecto a frases fragmentadas.

Libros para niños

Continúo disfrutando de mis largas vacaciones, ya escolares (en septiembre comienzo actividad profesional docente después de cerca de cuatro años preparándome para ello: por fin lo he conseguido), aunque en mis idas y venidas a Madrid entre playa y playa, voy aprovechando para actualizar el blog con alguna cosilla interesante.

Como la cabeza hay que cuidarla mucho en verano, no solo por fuera con grandes pamelas y gorritos de todo tipo, sino también por dentro con historias maravillosas, interesantes, divertidas y fantásticas, incluyo los libros que El País recomienda para los niños, que también tienen derecho a leer... ¿o no?:

- a partir de 6 años: Juan Oveja también, Kirsten Boie y Philip Waechter; Un secreto del bosque, Javier Sobrino.
- a partir de 7 años: De cómo nació la memoria de El Bosque, Rocío Martínez (libro ganador del X Concurso Álbum Ilustrado A la Orilla de Viento).
- a partir de 8 años: Cuentos en verso para niños perversos, Roald Dahl (irreverentes y muy divertidas versiones de cuentos populares).
- a partir de 10 años: La princesa rana, E. D. Baker; El avaro, Molière.
- a partir de 11 años: Diario de Greg, un pringao total, Jeff Kinney; Bruno Dhampiro, Rosa Gil; ¡No es tan fácil ser niño!, Pilar Lozano (premio Edebé Infantil 2008).
- para todas las edades: El final del verano, Stian Hole (Premio Ragazzi 2007 en la Feria de Bolonia).

Accediendo al enlace se puede leer una breve reseña sobre cada libro, así como la editorial, el número de páginas y el precio.

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